
Desde el Miércoles pasado hay una fuerte polémica en diversos medios electrónicos en torno al apoyo, a último momento y de mala gana, de Marco Enríquez-Ominami (MEO) a la candidatura concertacionista de Eduardo Frei: “Declaro formalmente mi decisión de apoyar al candidato de este pueblo, el del 29 % de chilenos que votaron el 13 de diciembre”.
Una parte de la polémica la alimentan los analistas, periodistas y personas ajenas a la postura del díscolo diputado. Lo que más discute esta facción, tiene relación con las características del apoyo expresado: tardío y gélido (Volveré sobre este punto al final). Mas, la situación que me molesta, es que lo más virulento de esta discusión nazca de aquellos que votaron por MEO y ahora interpretan la declaración del ex-candidato como una traición. A mi modo de ver, esto no refleja otra cosa más que la ignorancia de aquellos y su incapacidad para empatizar con quien representó sus sueños y aspiraciones.
Luego de la "derrota" del 13 de Diciembre Meo ganó un gran poder, el que le fue conferido por ese 20% del electorado y que lo volvió la variable más importante y la clave de la segunda vuelta presidencial. Con todo ese peso político, estaba obligado a crear la institucionalidad partidaria necesaria para mantener cautivos, pensando en el futuro, a esos votantes y, por eso, hoy nos dice que junto con aquellos que renuncian de todos los partidos de la derrotada concertación, formará un nuevo referente, un nuevo partido que representará al verdadero progresismo. Se rumorea que será llamado: Chile Cambió.
Por lo anterior, es imposible que Meo pudiera dar en el gusto a todos sus adherentes, pues ya no es un político cualquiera o un loco idealista, sino que un real líder político y, por tanto, frente a la elección más importante de la historia de Chile en muchas décadas, estaba obligado a tomar una decisión. Unos critican que no apoyara a Piñera, pero en el sector de éste también se encuentran los que apoyaron la dictadura y aún no piden perdón, por eso MEO los llamó cómplices de la muerte de su padre (para los que no saben, su padre fue líder del MIR y fue asesinado por la dictadura). Otros, asistémicos o descontentos con las malas prácticas políticas, pidieron votar nulo, pero votar nulo no sería correcto ni digno de un líder en circunstancias tan apasionantes como las que se vivieron en segunda vuelta. Finalmente, MEO optó por el mal menor: Eduardo Frei.
Retomando el punto del principio, referido al análisis experto, es claro que el apoyo tan tardío y gélido se explica en la lógica del nuevo referente progresista que MEO fundará, independiente de la Alianza y la Concertación:
1. Tardío, porque de ese modo disminuía los efectos que su apoyo obligado a la candidatura de la Concertación podía provocar, ya que su objetivo siempre fue hacer caer a las dirigencias y al estatus quo. Hubiera sido terrible para su causa progresista convertirse en el héroe salvador de la Concertación.
2. Gélido, porque así mantiene y alimenta las diferencias de su referente con la coalición que le vio nacer. Su objetivo siempre fue hacer oposición a cualquiera que ganara la segunda vuelta, así, en caso que Frei hubiera ganado, este apoyo tan de mala gana habría servido como el "Lusitania de MEO" para generar el quiebre brutal con la Concertación.
Le deseo la mejor de las suertes y mucho éxito a MEO, pues nadie puede discutir que Chile cambió y lo hizo gracias a él, que supo ver los cambios en un Chile aburrido con los de siempre y sus pequeñeces.